Un profesor me platicó una vez que, para definir el valor de una empresa de alguien que la quiere vender, tienes que usar conceptos y métodos para sacar el valor en libros, pero para el valor real tienes además que meterle una botella de vino al dueño para terminar de calibrar su valor.
Ser consultor tiene su chiste. Para diseñar algo que le sea útil a la empresa no es suficiente usar conceptos o métodos; eso solo es el 20%, el resto es saber escuchar al cliente y entender el problema a resolver o su visión de dónde quiere ir.
Si mido algo y el resultado no coincide con la percepción de los que están allí a diario operando, hay que volver a verificar con ellos los criterios que estoy usando.
Con eso van a pasar una de dos cosas: o se dan cuenta ellos de que se están usando todos los criterios y descubren su realidad, o encuentro yo algo que no había metido en el radar y lo afino. En cualquiera de los dos casos, la empresa gana.
¡Diviértete!

