Me llama Cirelhy al mediodía para decirme que le hablaron de la escuela para darle un reporte de Diego.
Como es raro en él, escucho el caso con atención.
Durante el recreo, Diego estaba platicando con sus amigos sobre un grupo musical que tiene canciones con groserías. Les daba ejemplos claros —y bastante descriptivos— de las palabras. Sus amigos se reían y tomaban nota para buscar al grupo.
Escucho en silencio. Me quedo pensando tantito y, entre avergonzado y sonriente, le digo:
—Fuimos nosotros. Diego, Natalia y yo escuchábamos Molotov en el carro mientras los llevaba a la escuela. Y yo le subía el volumen justo en la parte que dice: “¡Viva México, cabrones!”.
Me pidieron que repitiera la canción como cuatro veces. Y en todas, al llegar a esa parte, le subíamos el volumen.
La educación musical empieza en casa.
No puedo elegir lo que van a escuchar durante toda su vida, pero sí darles un buen punto de partida.
Diviértete.