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Hay líderes para las tormentas y hay líderes para la calma.

Winston Churchill es uno de los ingleses más famosos de la historia. Fue primer ministro de Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial (1940-1945), pero cuando la guerra terminó no lo volvieron a elegir.

Los británicos creían que aquel que los había llevado con éxito durante la guerra no era el mejor hombre para ser su líder en la paz. Sin embargo, en 1951 lo vuelve a elegir en medio de las tensiones de la Guerra Fría. Sir Winston Churchill era un líder de guerra, de tormenta. Hay líderes para la tormenta y hay líderes para la calma.

Los capitanes para la mar en calma solamente buscan mantener la estabilidad que ya existe en el barco, mejorar sus condiciones con decisiones sencillas y populares; el cambio puede ser poco a poco, sin prisas.

Los capitanes para la tormenta deben tomar decisiones difíciles rápidamente y llevarlas a la acción, ejecutarlas. Si se tardan en accionar, el costo puede ser la vida de sus tripulantes y la de ellos mismos.

En tiempos de paz, un capitán de tormenta puede parecer déspota o impositivo, con falta de liderazgo. En tiempos de tormenta, un capitán para la calma puede parecer timorato y llevar a su barco a cien. Si tuviera que elegir alguno de los dos casos anteriores para subirme a un barco, definitivamente no elegiría al que, por su falta de acción, pone en riesgo el barco.

Hay capitanes de tormenta y capitanes para la calma. Algunos pueden tener la capacidad de actuar de acuerdo con la situación que tengan en ese momento, y esos son los mejores capitanes: los que, en la calma, saben generar cambios positivos escuchando a todos, pero también saben tomar acción rápidamente cuando hay peligro en la tormenta, cuando no hay tiempo para escuchar a todos. Con ese capitán me embarco a donde sea.

En estos momentos, en nuestra industria es tiempo de tormenta. Necesitamos ser capitanes de tormenta. Capitanes que se metan a fondo a analizar y cortar los gastos innecesarios; capitanes que revisan los prospectos y el seguimiento para ayudar a vender más; capitanes que estén con el equipo, en cubierta; capitanes que tomen acción y pongan el ejemplo haciendo, no diciendo.

Te reto a ser el mejor capitán de tormenta y, cuando hayas llevado a tu barco al destino, puedas pensar en la tormenta que cruzaste y estar orgulloso de lo vivido. Tu equipo cuenta contigo, yo cuento contigo.

Legal y ético, aferrados.

Gilberto Aispuro
Director General Adjunto de Grupo Premier

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