Estas últimas semanas he visto cómo la conversación sobre el talento y las condiciones de conocimiento, habilidad y actitud con las que llega pueden, a veces, ser insuficientes. Creo que el problema, en gran medida, está en creer que el 100 % de eso debe venir de casa. La realidad es que el talento se forma, sí, en casa, pero también en las escuelas, centros de trabajo y otros espacios de convivencia.
Si queremos perfiles y talentos que lleguen bien preparados (además de contar con valores, estándares y aptitudes valiosas) es importante estar dispuestos a contribuir con cada persona que tenemos a nuestro alrededor, en cualquier momento. No solo se trata de enseñarle lo que no sabe, sino también de mostrarle formas distintas de hacer las cosas y brindarle reflexiones que otros no han considerado necesarias.
Te comparto algunas reflexiones sencillas que me ayudaron mucho, y que no formaban parte de una inducción ni de un protocolo de liderazgo. Fueron parte de la nobleza de un líder que se dio el tiempo de darme ese tiempo:
- Me señaló gentilmente cuando tenía faltas ortográficas. Inicié con muchas, y sigo aprendiendo. Hoy escribo incluso cuentos.
- Me invitó a buscar formas de comunicarme con mayor claridad; lo complejo de un mensaje puede hacer que se pierda la atención.
- Me cuestionó cuando no expresaba mis ideas con claridad, hasta que encontré cómo dar los argumentos correctos.
- Se acercó a darme retroalimentación de los clientes, de forma objetiva y transparente, aunque a veces fuera dura.
- Intervino cuando notó que me había descuidado. Impulsó ayuda para que me viera mejor, y eso impactó mi autoestima.
- Me obligó a aprender a decir que no.
- Me mostró que no se puede solo, y que no todo se puede hacer al mismo tiempo.
- Me dio la oportunidad de relacionarme socialmente como me sentía cómoda; no forzó mi adopción.
- Me alertó cuando me aislaba. De otra forma, no me habría integrado.
- Compartió argumentos que me convencieron de atreverme a adoptar nuevos hábitos, como usar una agenda.
Así, cada que tenemos a alguien frente a nosotros es una oportunidad de ayudarle a ser mejor, ¿qué has hecho hoy por alguien más? Para ayudarle como a mi me ha ayudado Poncho.
«Mi propósito es despertar ideas»
