Mi abuelo Macario se dedicó toda su vida a los supermercados: emprendió, los perdió, volvió a emprender, los vendió, se empleó en la industria, etc.
—Para mandar, hay que saber hacer las cosas, viejo —me decía.
Me contó de una ocasión en la que, estando en el supermercado, tenía que salir a una vuelta. Antes de irse, fue con uno de los muchachos de piso para pedirle que limpiara y acomodara todas las latas de un anaquel.
Al cabo de un par de horas regresó y se dio cuenta de que el muchacho iba a la mitad del trabajo. Lo cuestionó por qué no había terminado, a lo que el joven se quejó de que eran muchas latas y que el anaquel era grande.
—Obsérvame —le dijo mi abuelo al morro.
Entonces mi abuelo fue por un carrito y un trapo, puso todas las latas del anaquel en el carrito y se puso a limpiar y acomodar lata por lata. Terminó en nada.
Primero aprende a hacerlo, luego aprende a enseñarlo y luego aprende a dejar de hacerlo.
Diviértete.
– Poncho Mendoza.
