Después de que escuché la historia de Ernesto, me quedé gratamente impresionado: toda su trayectoria profesional en una gran empresa contada de forma graciosa.
Un par de días después, me tocó que Ernesto se sentara junto a mí cuando íbamos por carretera de Guangzhou a Shenzhen. Yo quería entender la manera de pensar detrás de esa trayectoria, y me voló la cabeza:
—“Poncho, es que cuando llegué a la empresa, de las ocho horas diarias que tenía que trabajar, me las ingeniaba para sacar mi trabajo en cuatro y las otras cuatro dedicarlas a mejora continua”.
Ah, pues ahí está. Me vi reflejado machín: mentalidad de dueño, mejorar aunque nadie me lo pida. Lo importante no es estar ocupado ocho horas, sino el impacto de lo que hago: generar valor. ¿Cómo puedo hacer esto más rápido, mejor o más barato?
Cuando te quitas trabajo, creces, aprendes algo nuevo, arreglas un cuello de botella, mejoras un proceso, ayudas a otros… también te vas por un café, porque el ocio es la madre de la creatividad y la creatividad es el padre de las ideas que mueven al mundo.
¿Cómo puedo instalar la mentalidad de Ernesto en todos los colaboradores?
Diviértete.

