A veces, la experiencia o la especialización nos juega en contra. Acabo de terminar un libro que pienso que es bueno leer en la universidad: Range, de David Epstein.
Dice que, cuanto más alejado esté el problema de la experiencia de quien intenta resolverlo, más probable será que lo logre.
Al revés de como lo creemos: si sabes mucho del negocio, eres más bueno en el negocio.
Y yo lo confirmo. Lo he vivido a través de mis socios, que se han metido a construir empresas en industrias de las que no tienen idea de cómo funcionan y descubren caminos que los que ya están allí no se les habían ocurrido.
También está la historia conocida de que, en los años 40, el ejército gringo tenía un problema: sus aviones regresaban de combate llenos de agujeros de bala. Querían reforzar las zonas más dañadas, así que analizaron los impactos y se pusieron a blindar esas partes.
Hasta que un matemático, que no era piloto ni ingeniero aeronáutico, vio algo que nadie más veía: estaban reforzando los lugares equivocados. Los agujeros que analizaban eran de los aviones que regresaban. Había que reforzar donde no había agujeros; esos eran los que no volvían.
Su falta de experiencia en aviones fue su ventaja.
A veces, los más expertos no pueden ver lo que los novatos sí.
En un proyecto no buscamos saber más que el cliente, solo vemos donde ellos dejaron de ver.
Diviértete
-Poncho Mendoza

