En las vacaciones familiares, uno de los objetivos fue ir a Disneyland Paris. Se logró.
Después de haber empujado todo el día el carrito con Natalia y Piguita, su cochi de peluche que viajó a todos lados con nosotros, lo que queríamos era cenar e irnos a descansar.
Diego escogió un lugar de sándwiches para sentarnos.
Yo me tomé una cerveza bien helada que me cayó muy bien, así que pedí otra más.
Terminamos y caminamos al área de taxis. Decidí no pedir Uber por no querer pensar y entender dónde sí se paraban a recogernos; ya quería descansar.
Una hora de camino, todos dormidos. Nos bajamos del taxi, pagué y pasé mis ojos por los asientos y el piso de la camioneta.
Todo OK, buenas noches —le digo al taxista—. Ya no supe si en inglés o español; de francés no sé nada.
Subimos al cuarto: baño, pijama, cama y apareció el crimen:
Piguita había desaparecido.
Sentí un golpe en el estómago, mal plan. Estaba seguro de que se había subido al taxi y, peor todavía, yo había revisado antes de bajarnos.
Su mamá se quería arrancar a Disney de nuevo, a la zona de taxis, a preguntar.
Estás loca —le dije amablemente—, es la 1 a. m., esa área ya está cerrada ahorita, obviamente.
Mientras ella bajó a recepción a ver cómo podían ayudarla, me metí a los movimientos de bancos y solo me aparecía el cobro y una bola de letras como un código.
ChatGPT, Claude, Google, Facebook e Instagram: me puse a seguir pistas solo con ese único dato.
Descubrí el nombre completo del taxista, que había tenido antes una empresa de transportes, la había cerrado y gestionado sus permisos para ser taxista hacía dos años. De hecho, vivía en la zona donde está Disney; ya tenía su dirección y fotografías de su casa. O sea, tenía básicamente su biografía, nomás me faltaba un pequeño detalle: su celular.
Nos ganó el cansancio y nos dormimos tristes.
En la mañana, Cirelhy encontró en Facebook a una prima del taxista y decidió escribirle.
Ella nos compartió su celular.
Lo llamamos.
Sí, Piguita seguía con él.
Y antes del mediodía ya estaba de regreso.
No saben lo felices que fuimos, fue el mejor recuerdo de Disney.
En un país donde no conocíamos a nadie, no hablábamos el idioma y ni siquiera sabía decir “buenos días”, logramos resolver.
Por cierto, ¿saben qué sí aprendí? Algo indispensable para la próxima:
A decir “peluche” en francés.
Se dice “la peluche”.
¡Diviértete!
– Poncho Mendoza.
