Hace unos días, se acercó a mí un chico en busca de consejo, inquieto por tener un mayor crecimiento en sus percepciones, pues creía justo el cambio. Conversando, escuché que en promedio cada año y medio cambia de trabajo.
El cambio de trabajo constante, aunque pueda parecer falta de compromiso y estabilidad, muchas veces se da por la necesaria sensación de sentir un progreso; cuando no se obtiene, muchas veces se busca en otro lado.
Regresando a este chico, una de las preguntas que le hice fue: ¿cómo eran sus resultados? Me contestó que eran excelentes, que había logrado sus metas del cuatrimestre. A percepción de él, dichos resultados merecían un cambio.
Saqué una hoja, hice un historial superficial de resultados a lo largo de su carrera y me di cuenta de que tiene hits, pero no constancia de esos.
Le compartí lo que he notado en las empresas: muchas veces, los cambios en las condiciones de sueldo no se hacen solo porque hayas dado tremendos resultados, sino porque has logrado sostenerlos; ser constante, consistente y resiliente.
Cuando has demostrado que cambias para mejorar de manera gradual, esa evolución que muestras refleja tu compromiso.
«Mi propósito es despertar ideas.»