Mi tío Poncho trabajó muchos años en Kiewit, una constructora gigante con sede en Omaha, Nebraska.
En el mismo edificio donde estaban sus oficinas, en los últimos pisos, había una de las oficinas de Berkshire Hathaway, la empresa de Warren Buffett.
Un día, mi tío llegó por la mañana a trabajar con las manos cargadas de documentos. Entró al elevador, donde estaban justo Warren y otra persona. Mi tío iba al piso 6; Warren, al 17.
En el piso 3 se bajó la otra persona y solo quedaron mi tío y Warren. Al llegar al piso 6, el elevador se detuvo, pero la puerta no se abrió. Mi tío presionó el botón de abrir puertas —ese que todos los elevadores tienen— y tampoco funcionó.
—Sr. Warren, ¿puede presionar el botón para abrir la puerta de su lado, por favor? No está funcionando este —le dijo mi tío.
Warren, con su característica sencillez, atendió la petición, pero nada. El elevador seguía detenido y sin abrir la puerta.
—Sr. Warren, ¿me puede sostener los documentos para intentar abrir la puerta? —le pidió mi tío mientras se los entregaba.
Mi tío intentó forzar las puertas y apenas logró abrir un poco una de ellas. Warren dejó los documentos en el suelo y, entre los dos, lograron forzar la apertura. Salieron del elevador lo más rápido posible.
—Sr. Warren, este es el piso 6… ¿usted no iba al 17? —le preguntó de nuevo mi tío.
—Sí… ¡¡pero en ese no me voy!!
¡Diviértete!


