Les cuento:
Bajo a desayunar y me reciben en la entrada tres colaboradores de aquí del hotel, muy amables. Uno de ellos me acompaña y me asigna mesa, me ofrece café, se lo acepto y me voy a ver las opciones que tengo del buffet.
Cuando llego a la ventanilla de donde se hacen los huevos y omelets, pido unos benedictinos, trato de darme a entender con el cocinero y, como aún me falta perfeccionar mi chino, pues no lo logro. En eso se acerca conmigo el mismo muchacho que me asignó la mesa y él me dice que se encarga. Hasta después me doy cuenta de que lo que yo pedía no estaba en el menú.
Algo me dijo que el bato hablaba español y le pregunto: ¿de dónde eres? (Para esto no recuerdo si se lo pregunté en español o en chino porque ya los confundo). —“Soy libanés, pero viví mucho tiempo en México” —me dijo con una sonrisa— (creo que fue en español porque le entendí perfecto).
—“¡Ah! Felicidades y gracias por las atenciones” —le digo. Me siento a esperar, empiezo a poner atención a todo el personal y me doy cuenta de que hay una parte de ellos que traen ropa ejecutiva. Volteo a ver un folleto que hay en mi mesa porque está la foto de un bato que se me hizo familiar: el mismo muchacho que me ha atendido. Es el gerente general del hotel.
Todo el otro personal que trae ropa diferente son sus gerentes de cada área del hotel atendiendo a los clientes en horario pico del restaurante, viviendo de primera mano lo que sus clientes necesitan.
Es tan fácil aprender de los demás. Solo hay que prestar más atención a los detalles. Apenas son las 8 a.m. y ya tengo más ideas chinas.
Diviértete (wan de kaixin).
