El cerebro es una máquina increíble; entender cómo funciona me parece elemental en todos los líderes, sobre todo para ampliar y profundizar cómo podemos impulsar el desarrollo de las personas, el análisis de las ideas y la visualización de la estrategia.
Algo que he notado en directivos que se conducen brillantemente en los negocios es que lo que los vuelve diferentes no es una inteligencia extraordinaria, sino su inagotable placer por experimentar y su bajo o casi nulo miedo a equivocarse. Pareciera que estos perfiles casi siempre tienen razón, aportan conclusiones fuera de lo común y son casi sobrenaturales, y llegar ahí costó esfuerzo más allá de su aplicación ágil de la lógica.
Y tiene mucho sentido. Un autor que me encanta es Jonah Lehrer, quien en sus investigaciones ha demostrado lo que Aristóteles, en su Phronesis, ya describía como: “El cerebro siempre está buscando predecir”; al cerebro le encanta llenar los espacios en blanco y busca, con el tiempo y con la práctica constante, educar esa intuición.
Así es, resulta que a medida que no tememos equivocarnos, nuestro cerebro se educa ejercitando ese proceso mental de tratar de adivinar, y a medida que vamos aprendiendo y evaluamos nuestras decisiones, esa intuición se vuelve cada vez más educada, llegando a un punto en que pareciera que “brillantemente hay razón”, como si tuvieras una bola de cristal.
Esto no depende de la edad o de la inteligencia. Depende de valentía, de voracidad en entrenar la intuición en los procesos mentales. Y lo único que nos hace falta es ponernos más a prueba, evaluarnos más frecuentemente y atrevernos a experimentar
Mi propósito es despertar ideas…
-Eva Saiz
P.D. ¿El impacto de tus líderes es el que imaginas?
Muchos líderes están comprometidos y bien intencionados, pero no siempre tienen claridad real sobre cómo se está viviendo su liderazgo dentro de la organización.
A veces el problema está en la distancia entre cómo creemos que lideramos y cómo realmente nos viven.
Esa brecha no siempre se nota en indicadores. Pero sí termina impactando resultados, desgaste y calidad de decisión.
En Performance utilizamos la evaluación 360 como una herramienta estratégica: un espejo que permite entender qué funciona, qué no y desde dónde conviene actuar, antes de capacitar, cambiar estructuras o exigir más.
Si esto te hace sentido, conversemos.
